¿ÉXITO MIO O DE MI HIJO?

 Todos los padres se sienten orgullosos cuando sus hijos triunfan. Los triunfos pueden venir en los estudios o en cualquier otra actividad. Casi todos los esfuerzos de los padres se dedican a ayudarlos a lograr esos éxitos. El problema está en aquellos padres que ven esos triunfos como suyos, como el centro de todo lo que hacen; padres que vuelven los triunfos de sus hijos su único tema de conversación. Padres que viven los triunfos de sus hijos como requisito para sobresalir ellos como personas. Según Angela Marulanda muchos padres no distinguen entre lo que ellos ambicionan y lo que es beneficioso para los chicos en sus actividades. Algunos padres ven los triunfos escolares o deportivos de sus hijos como propios y no como un esfuerzo de los muchachos que se hace con su apoyo.

El triunfo en el deporte no se ha separado de la búsqueda desaforada de la fama que vivimos hoy en nuestro mundo. La fama se ve hoy como un “valor máximo”, como “centro de vida”. Muchos padres no permiten que sus hijos se desarrollen adecuadamente exigiendo resultados para alimentar su propio ego.

Querer que el hijo gane a cualquier costo, querer que aparezca en la televisión como ganador desde los 5 ó 6 años es querer entrar en el “exitismo” en el que vivimos y solamente logra que se de mayor importancia al resultado que los padres ambicionan dejando de lado lo que los hijos realmente quieren. Esos padres exitistas solo ven el puesto en el que queda su hijo y nunca miran el cómo lo ha logrado, ellos presionan tanto que logran que sus hijos generalmente se retiren más temprano de la práctica deportiva que aquellos que lo hacen porque quieren.

En la natación no gana cualquiera que entrene bien, hay muchos otros requisitos que se hacen Fundamentales cuando se quiere ser campeón del mundo:

Los mejores del mundo no son jóvenes de 13 ó 14 años. Los campeones mundiales por lo general son adultos mayores de 18 años. Es más, según algunos estudios, el resultado en las categorías menores no es indicativo de los resultados posteriores.

Se requieren unos 10 años o 10.000 horas de entrenamiento para alcanzar un nivel  mundial. Antes no lo logran sino unos pocos, muy pocos, casi ninguno sin importar cómo ni qué entrenan.

Los mejores nadadores del mundo varones tienen una estatura mayor de 1.90 metros y las damas son de un mínimo de 1.85 metros.

Los mejores del mundo tienen una morfología muy particular que ya ha sido identificada para cada estilo y prueba: envergadura mayor que su talla, son más estrechos de caderas que de hombros_ brazos muy largos, tronco corto piernas largas son algunos requisitos.

Los mejores del mundo utilizan unas técnicas preparadas y perfeccionadas durante muchos años.

Los resultados de los mejores del mundo se desarrollan paulatinamente a través de muchos años de preparación. No debemos confundir los resultados tempranos con el talento.

Los mejores del mundo no se imponen límites, sus metas siempre son para alcanzarlas. Tienen una voluntad de acero. Son capaces de caer y levantarse una y otra vez, no se dan nunca por vencidos. Luchan sin descanso hasta lograrlos.

Los hijos tendrán más éxito en la vida si la propuesta en su formación deja de ser la de esperar que sean campeones olímpicos y se convierte en la de ser entusiastas y comprometidos con lo que hacen. Será mejor si nos proponemos a apoyar lo que hacen ya acompañarlos en su búsqueda y desarrollo de su propio carácter y les despertamos el interés en ser artífices de los cambios que está necesitando la juventud actual.

De esta manera tendremos unos jóvenes capaces de desarrollar su potencial al máximo, bien sea en el deporte como verdaderos campeones o en su vida como personas íntegras.

El éxito no es un destino, es un camino. Los padres triunfamos cuando logramos que nuestros hijos desarrollen su potencial al máximo; cuando ellos aprenden de nosotros que las victorias no dependen del dinero que se tiene sino del esfuerzo que ponen en sus emprendimientos. Recordemos que no toda nuestra educación se debe ocupar en el simple hecho de sobresalir o tener más que los demás

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